BUENOS AIRES.- A pesar de que las presidentas de la Argentina y Brasil dieron un contundente respaldo a la integración comercial entre ambos países, se mantienen unos 7.000 autos frenados en la Aduana brasileña, mientras que los industriales de ese país denuncian que el conflicto ya les costó U$S 1.000 millones, lo cual es negado por la Casa Rosada. El viernes, Cristina Fernández y Dilma Rousseff ratificaron la búsqueda de armonía entre los principales socios del Mercosur. Transmitieron, además, un nuevo concepto en la relación diplomática basado en la premisa de que Argentina y Brasil, sumados, constituyen una potencia económica que podría ubicarse entre el cuarto y el quinto lugar en el mundo.
El asesor internacional de Dilma, Marco Aurelio García, dijo que "hay que celebrar la sabiduría de ambas jefas de Estado y de sus ministros de no contaminar esta reunión con la discusión de divergencias comerciales menores". Las presidentas sostuvieron que las tensiones comerciales entre ambos países eran de "poca importancia". Un encuentro previo entre las presidentas y sus respectivos ministros de Industria, Débora Giorgi, y Fernando Pimentel, terminó de sellar el acuerdo, pero también enumeró los problemas que un mundo en crisis podría generar en la región. Rousseff se mostró inquieta por la "avalancha de productos" que puede descargarse sobre el Mercosur como consecuencia de los "sobrantes" de bienes en el resto del mundo.
La mandataria brasileña alertó, además, sobre el desequilibrio que puede sobrevenir si los países centrales presionan a los emergentes para que rebajen precios de materias primas y abran sus mercados.
Brasil es el primer exportador mundial de soja y sus derivados, y el segundo productor después de Estados Unidos, mientras que la Argentina se ubica en tercer lugar. Dilma ratificó que las dificultades entre Argentina y Brasil son "problemas de poca monta". Pero los sectores empresarios tienen preocupaciones más coyunturales. Por el lado argentino, el titular de FIAT, Cristiano Rattazzi, indicó que si bien Brasil liberó el viernes el ingreso de 3.300 autos argentinos, "todavía hay otros 7.000 en espera". Según fuentes de las terminales argentinas, la semana pasada hubo 18.000 vehículos detenidos en la frontera brasileña. Por el lado de Brasil, la Federación de Industrias de San Pablo acusó al gobierno argentino de alentar "la importación de mercaderías de origen chino en reemplazo de las brasileñas". En sus cálculos, eso ya les ocasionó un perjuicio de U$S 1.000 millones, pero desde el Ministerio de Industria argentino dijeron que esos datos no eran correctos. (NA)